En el corazón oxidado de Puerto Norte, los secretos se entierran bajo el óxido de los astilleros y la justicia tiene una cuenta pendiente. Cuando la inspectora Elena Valdés, una analista meticulosa recién llegada a Homicidios, acude a la vieja iglesia de San Telmo a las 04:12 de la madrugada, no encuentra un crimen común.
Frente al altar yace un hombre con una vela blanca intacta entre sus dedos. No hay señales de lucha ni sangre fuera del impacto; solo una simetría perturbadora que Elena reconoce de inmediato: es una réplica exacta de un asesinato ocurrido en 1981.
Para el inspector Bruno Andrade, un veterano de la vieja escuela que prefiere el café amargo y los expedientes cerrados, este cadáver es un fantasma que no debería haber vuelto. "Algunas historias se contaron mal".
Lo que comienza como una cacería humana se convierte en un juicio a los vivos por los pecados de los muertos.